jueves 15 de septiembre de 2011

Como un gato.

Se estiró poco a poco. Comenzó con los brazos y siguió con las piernas, estirando hasta los dedos. Sintió como algunos huesos de su columna se reacomodaron y como sus músculos comenzaban a doler al ser sometidos al estiramiento matutino. Tal como un gato.
El sol estaba ya entregando sus rayos generosamente sobre su cama. Inspiró profundamente y volvió a encogerse, quedando en posición fetal. Lánguida se entregó a sus pensamientos inconexos y sin sentido.
Abrió los ojos lentamente y aguzó el oído para disfrutar del silencio que invadía su casa.
Esa era una mañana perfecta.