Dicen que eres linda. Dicen que no eres fea.
Dicen que tienes una belleza especial, algo en ese andar desgarbado, algo en esa conjunción de rasgos que por sí solos no son muy especiales, pero que en tu rostro resultan armónicos.
La sonrisa es lo que más te caracteriza. Tus piernas largas son un gran atributo. Tu cuello delicado. Tus manos de pianista y tus ojos soñadores.
Entonces, descubriste que tienes un poder. Un poder muy especial.
¿Qué será?
Eres invisible.
Por más que llamaste, por más que intentaste sacarte partido, nadie te vio. Pasaban a tu lado y no te veían.
Y te preguntaste, entonces, ¿de qué me sirve todo lo que tengo si nadie puede verlo?
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