miércoles 1 de septiembre de 2010

Lluvia.

La lluvia aún caía liviana cuando encendió su cigarrillo, no se escuchaba ruido de ciudad. De hecho, no se escuchaba ruido alguno, aparte de la lluvia que rebotaba en la sombrilla bajo la cual se refugiaba de esa lluvia impertinente.
El sabor de la primera calada se mezcló con el café que estaba tomando. El frío calaba hasta los huesos, pero se sentía fresco y refrescante.
Deseó abandonarse bajo la lluvia y detener un poco el tiempo. Aunque, la lluvia siempre era como un tiempo detenido, como si los segundos de verdad dejasen de correr...y era un lindo sueño pensar que así era realmente.
A veces la velocidad la mareaba, pero esta siempre la intrigaba.